El día que se votó la Constitución 1/7

El día que se votó la Constitución
1/7

El día 6 de diciembre de 1978 Madrid amaneció frío y luminoso, aunque horas más tarde el cielo se cubriría y llovería irregularmente. Para muchos de nosotros era ‘el día’, el día en el que esperábamos liquidar la dictadura franquista definitivamente e incorporarnos al club de las naciones democráticas, en las que prevalece el respeto a los derechos humanos y las libertades ciudadanas. Era el día en el que los españoles votaríamos el Proyecto de Constitución aprobado muy mayoritariamente por las Cortes poco más de un mes antes. La pregunta plasmada en las papeletas de votación era muy simple: ¿Aprueba el Proyecto de Constitución? Raro era el español que no lo conocía, al menos en líneas muy generales.

El colegio electoral al que me había mandado como apoderado el Partido (y, en aquella época, el Partido por antonomasia era el Partido Comunista de España) estaba considerado conflictivo para los defensores de la Constitución y sus valores democráticos. Situado en el Pinar de Chamartín, la mayoría de los electores eran militares y sus familias. No había en su censo electoral, en ninguna de las mesas que lo componían, militante comunista alguno que pudiera actuar como interventor del Partido. Por eso me mandaron como apoderado, porque los apoderados lo son ante todas las mesas de la zona electoral provincial, aunque estén censados en otro colegio electoral. Bueno, por eso y porque yo era “un broncas” de mucho cuidado, dispuesto a pegarme políticamente con el Lucero del alba. Y, si se terciaba… lo que hiciera falta.

Personas votando

Cuando llegué a las 8 de la mañana estaban ya presentes dos señores mayores: el delegado gubernativo, que era policía, y el apoderado de Alianza Popular, que también era del barrio. Era obvio el buen entendimiento que había entre ambos. Poco después llegó un joven de mi edad acompañado de dos señoras. Se presentó como apoderado de Unión de Centro Democrático, el partido que gobernaba España en esos momentos. Y presentó a las dos señoras como su madre y una vecina del barrio, informando que ambas actuarían como interventoras de su partido. Interventores o apoderados del PSOE, ni estaban ni se les esperaba. En esa época el PSOE, en la práctica cotidiana de los barrios y las empresas o las instituciones, salvando el Congreso y el Senado, no existía.

Un periódico en blanco y negro

La propuesta constitucional había sido alumbrada por las Cortes con amplísima mayoría: a favor estaban Unión de Centro Democrático, el Partido Socialista Obrero Español, el Partido Comunista de España y una parte, la mitad de sus diputados, de Alianza Popular. En el Congreso, esto representaba más del 90% de los diputados. En contra estuvieron varios diputados de Alianza Popular y de Euskadiko Ezkerra. Finalmente, se abstuvieron algunos otros diputados de Alianza Popular, del Partido Nacionalista Vasco y de la Minoría Catalana.

A la vista de semejante apoyo, hoy resulta sorprendente que el día del referéndum muchas personas y organizaciones albergáramos cierto resquemor hacia el resultado del mismo. No se temía un elevado número de votos negativos, pero sí se temía que una alta abstención empañara el resultado afirmativo. No hasta el punto de deslegitimarlo, pero sí debilitando lo que era al mismo tiempo punto de partida y clave de bóveda de la construcción del Estado de derecho en España: el apoyo explícito del pueblo constituyente soberano plasmado en su Constitución.

Y en el colegio electoral del Pinar de Chamartín, a medida que avanzaba el día, los hechos parecían abonar los temores expresados: la participación era muy baja, bajísima. Los militares no apoyaban la constitución. Esto no sorprendió en absoluto al apoderado de UCD, porque precisamente su padre era militar y ya había anunciado a la familia que no votaría a favor de la Constitución, aunque tampoco se opondría tajantemente a ella. Como la mayoría de sus compañeros, por otra parte. La duda que nos surgía entonces era si en otros colegios electorales estaría pasando algo similar o habría diferencias. El de UCD era pesimista; yo, en cambio, era más optimista. Conocía mi barrio y mi distrito, en Hortaleza, zona mayoritariamente de trabajadores, e imaginaba que allí se daría un apoyo prácticamente masivo a la Constitución. No lo sabría con certeza hasta el mediodía, cuando fui a votar a mi mesa electoral, en el colegio del barrio. ¡Qué diferencia! En el mismo todas las mesas tenían interventores comunistas y la participación era muy alta, del orden del cuarenta por ciento a mediodía. El ambiente era festivo y había un trasiego continuo de electores incluso a la hora de comer, más relajada. A la vista de ello, allí nadie dudaba del apoyo masivo a la Constitución.

Al volver al colegio del Pinar de Chamartín la cosa no mejoraba, el ambiente seguía triste y desangelado, sin gente. Pero yo llegaba muy contento, portador de una información con la que conseguí ilusionar a los pocos constitucionalistas allí reunidos: en los barrios de trabajadores, que eran la mayoría, la Constitución arrasaba, liquidando la dictadura.

La Constitución fue aprobada, mediante la participación del 67,11% del censo, con el voto a favor de más del noventa por ciento de los votantes, exactamente el 91,81%. España se incorporaba, esperábamos que definitivamente, a las democracias occidentales en busca de un futuro que se preveía tan complicado como esperanzador. Pero que era nuestro futuro libremente decidido, no impuesto. Y el resto es historia…
… o eso creíamos. Porque, ¿realmente sabíamos lo que habíamos votado? E incluso, ¿lo sabemos ahora?

Alvaro Sánchez

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